El cambio de época provoca en nuestro país como en todo el mundo grandes cambios, políticos, económicos y culturales. La globalización afecta en gran medida estos factores así como los cambios de ideas, pensamientos y valores. Por ello no es posible que la educación se lineal, que no se actualice; debe adecuarse a las necesidades de los jóvenes en la época en la que se encuentre.
El uso inadecuado de los medios de comunicación, especialmente
las redes sociales en internet, es que crea en los jóvenes una necesidad por
parecerse a los personajes que se encuentren en su momento como líderes
famosos. La adolescencia es la etapa en la que se comienza a construir una
identidad personal sólida, sin embargo, los medios de comunicación sólo
fomentan la reproducción de personajes ficticios, le arrebatan al adolescente
su creatividad y esencia.
La juventud en México no tiene la
atención para satisfacer sus necesidades y demandas. Principalmente la
necesidad de los recursos para su educación. El estado considera la educación
como un gasto para la nación, pero pierde de vista que los jóvenes que se unen
al crimen organizado genera una mayor necesidad económica en políticas de
protección. Los jóvenes que migran y son calificados como mano de obra barata,
dejaron de ser grandes artistas y científicos para México, porque su país no
pudo brindarles el apoyo necesario o el sistema educativo no cumplió su función
con una formación significativa.
La docencia ha perdido la
vocación de quien la integra. Se han antepuesto bienes económicos, intereses
personales y conformismo ante la esencia misma de lo que es la docencia. Antes
que reformas educativas y planes de trabajo innovadores, se necesita volver al
principio del servicio de educar a las nuevas generaciones. Los docentes son
los formadores de los nuevos ciudadanos, no basta la preparación en información
sino que es necesaria una educación integral. Poner en el centro a quien
siempre tuvo que haber estado ahí: los alumnos como nuevas generaciones.


